
En el lejano oeste de las dentaturas perfectas. Un enfrentamiento predecido desde la época de los dientes de leche, cuando el oeste era sólo llanuras de tímidos dientecillos recien formados. Estaba por suceder.
Entonces era yo; a un lado del pueblo. Mi arma, mi cepillo de dientes, marca Colgate con mango ergonómico, de cubierta ondeada, color rosa; que incluye su raspa lengua jeje!. Frente a mis ojos -que miro con el ceño fruncido-; del otro lado del pueblo, está el dentista con su pinza, listo para la extracción.
La muela en disputa: mi último molar superior, del lado izquierdo, que nació torcido y no derecho como sus hermanos. La oveja negra, el que creció para un costado y no para abajo como el resto de sus familia
YO: LO QUIERO ASI COMO ES, AUNQUE PUEDA INFLUIR EN SUS HERMANOS Y TERMINE DAÑÁNDOLOS
Dentista: terminara hinchándote la casa, mejor dicho la cara y no podras ir al matrimonio del sábado.
Yo: pero si lo sigo limpiando "con cariño" ( con cariño -Davis Orosco-), derrepente ya no crece y no me seguirá lastimando. Sé que lo hace sin querer,¡además está sanito!
Dentista: prepárate que la separación es inevitable y fácil hasta llegas a recuparte antes del partido de futbol de mujeres del viernes.............
Mis dedos bailan al ras muy cerca de mi bolsillo a punto de agarrar mi cepillo, que tienen lista la pasta en sus cerditas, que no malogran las encías.
Los dedos del dentista se deslizan por sus bolsillos a punto de coger la jeringa con la anestesia.
continuara...........