Vergonzosamente nostálgica me pongo cuando recuerdo mi niñez y mi familia, quizás no tan vergonzosa ya que te lo estoy diciendo.
Las grandes verdades de mi familia son:
Es que alguna vez fuimos una familia feliz, unida, completa. Una familia.
Alguna vez, y quizás no hace mucho la pobreza , nos visitó, nos saco la lengua, nos dijo aquí llegue y me pienso quedar por mucho tiempo.
Pero dicen que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante.
En medio de todo y de todos. Fui una niña muy feliz, y sigo siendo feliz aunque ya no muy niña.
Hoy veo con ternura las ya notorias arrugas de mi madre y la tierna sorpresa de mi padre cuando intento enseñarle algo nuevo para él, como es la tecnología.
Hoy miro con orgullo, la decisión y la firmeza de los actos de mi hermano. El esfuerzo y las ganas de mi hermana. Que a pesar de todo siempre se de tiempo para leerle un cuento a su hija.
Hoy la familia tiene más integrantes, y una de ellas es la luz de nuestro ojos, es la única nieta de la familia. Tiene en su mirada y su personalidad todas las cosas buenas de la familia. Es sin lugar a duda, la niña más comprensiva e inteligente del mundo. Mi Anni.
Hoy luego de un largo camino de risas, llantos, frustraciones y ausencias siguen siendo para mi esa familia feliz.
El tiempo pasa y los tiempos cambian pero siempre fuimos y seremos, unos locos habladores, burlones, analíticos y conversadores por excelencia, educadores natos, lideres, desesperados, medio hipocondriácos y cariñosos extremos unos más que otros. Reírnos hasta en los momentos más difíciles es lo que nos hizo más fuertes.
Gracias Ma, Pa, Che y Lars. Por ustedes soy lo que soy ahora.
Gracias Dios, por nunca habernos abandonado. y que nuestras heridas se hayan curado.
Eternamente en deuda contigo.