Un sonido ondulante, una pulsación rítmica, un constante palpitar. Y el dolor de pronto se va alejando de mi cuerpo a medida que la emoción inesperada me invade y trato de descifrar con extrañeza de dónde proviene ese sonido, tan intenso, tan vivo; muy similar al beat básico de una pista electrónica.
Mientras observo el monitor de la máquina que escanea mi vientre y veo una mancha circular formado con distintos tonos de gris y negro, alguien me dice: "ese es su corazón, y ese sonido son sus latidos..." Siento que el mío se hace enorme, debo respirar hondo y no quiero parpadear para no perderme nada.
Acomodo mis lentes, noto que el hombre que me habla, es un doctor, lleva una bata del mismo tono de blanco que la habitación dónde estoy recostada sobre una camilla. Acabo de despertarme completamente luego del adormecimiento producto de los calmantes que me inyectaron para aliviar el intenso dolor de estómago que horas antes me trajo de emergencia a esta clínica.
El doctor empieza a describir el tiempo y las medidas de ese pequeño ser en mi vientre y mi atención se queda en la primera frase: "cinco semanas y seis días de gestación..." y pienso: Una pequeña vida no más grande que una fresa, que late con la intensidad de un elefante, crece en mí desde hace cinco semanas y seis días... Esta es la primera vez que veo a mi Jimenita. Es la mañana del 9 de abril del 2016. Seré mamá por primera vez.
Horas antes del mismo día, cuando desperté luego de una madrugada de pruebas y análisis; lo primero que vi, fue a mi José, durmiendo sentado sobre una silla, con los brazos cruzados, recostando su frente sobre el borde de la cama cerca de mi brazo. Luego veo mi mano y llevo una vía que tiene los 10 primeros centímetros llenos de mi propia sangre. Me dolió cuando la moví para acariciar los rulos del cabello de mi José. Él despertó, me miró y mientras trataba de restablecerse me dijo: "aquí estoy, cómo estas, cómo te sientes". Yo solo veía como las arrugas de la sábana le había dejado una gran marca en la frente, pues como lo prometió no se alejó de mí en ningún momento. Ambos nos habíamos quedado dormidos esperando los resultados del diagnóstico.
El doctor empieza a describir el tiempo y las medidas de ese pequeño ser en mi vientre y mi atención se queda en la primera frase: "cinco semanas y seis días de gestación..." y pienso: Una pequeña vida no más grande que una fresa, que late con la intensidad de un elefante, crece en mí desde hace cinco semanas y seis días... Esta es la primera vez que veo a mi Jimenita. Es la mañana del 9 de abril del 2016. Seré mamá por primera vez.
Horas antes del mismo día, cuando desperté luego de una madrugada de pruebas y análisis; lo primero que vi, fue a mi José, durmiendo sentado sobre una silla, con los brazos cruzados, recostando su frente sobre el borde de la cama cerca de mi brazo. Luego veo mi mano y llevo una vía que tiene los 10 primeros centímetros llenos de mi propia sangre. Me dolió cuando la moví para acariciar los rulos del cabello de mi José. Él despertó, me miró y mientras trataba de restablecerse me dijo: "aquí estoy, cómo estas, cómo te sientes". Yo solo veía como las arrugas de la sábana le había dejado una gran marca en la frente, pues como lo prometió no se alejó de mí en ningún momento. Ambos nos habíamos quedado dormidos esperando los resultados del diagnóstico.
Le dije que ya no sentía mucho dolor en el estómago pero que igual me sentía muy débil, le recordé que no quería estar ahí, que no me gustaban los hospitales, ni mucho menos estar enferma que, ya quería estar bien, que la última vez que me llevaron de emergencia por un dolor muy similar, terminaron operándome de peritonitis, y él me dijo que todo estaría bien y ya pronto nos iríamos al mismo tiempo que me daba un beso en la frente. Fue en ese instante que, un doctor ingresó a esa habitación diciendo mi nombre en forma de pregunta. Recordé que esa semana había tenido constantes dolores y molestias en el estómago y yo pensaba que eran los cólicos que siempre me dan antes de la regla.
Sin perder de vista una carpeta metálica con varias hojas impresas, continuó describiendo la lista de resultados y dijo: "tu estómago está bien, solo es un problema de indigestión, lo que sí usted tiene es 5 semanas y seis días de gestación ¿lo sabia?... Así que ahora mismo le haremos una ecografía para confirmar que tanto usted como el bebé estén bien, felicitaciones. En un momento vendrá a llevarla una enfermera...luego la doctora de turno le dará su receta y la dieta para aliviar el malestar de su estómago"... inmediatamente después salió de la habitación. Nuevamente, yo sólo escuché lo de las 5 semanas y 6 días de gestación... ya que luego de eso mi corazón se detuvo, pensé que todo era un sueño pues el miedo y la desventaja de sentir que eso tan importante que alguna vez deseé no pasó necesariamente como lo había planeado, porque antes de eso todo en mi vida tenía un plan y aunque no siempre se cumpliera con exactitud, me gustaba pensar que tenía una ruta para dar cada paso importante. Pero a la vez me sentía emocionada, como si una luz divina estuviera iluminándome, en aquella habitación de intensa luz blanca. Y en ese preciso instante en que mi rostro paseaba entre la preocupación y la felicidad, mi José se puso de pie al borde de mi cama y con un gran beso me abrazó y me dijo que me amaba y que estaba muy feliz de saber que sería papá, que estamos juntos y todo estaría bien. Fue en ese momento que mi corazón explotó de emoción y lloré de alegría. Abrazados en esa camilla sólo sabíamos que nos amábamos y nuestras vidas cambiarían desde ese instante. Y fuimos y somos uno desde entonces. Todo cambio para bien en nosotros, Jimena nos ha unido más y estamos tan felices de saber que todo lo que somos y hacemos es por y para ella. A menos de un mes de que esté con nosotros, estamos seguros que es el mejor regalo sorpresa que la vida nos pudo dar. Ahora todo tiene sentido, ya no vivimos por vivir, vivimos para disfrutar cada instante y cada etapa de nuestra nueva familia. Te amamos Jimenita. Siempre serás la eterna primavera de nuestras vidas.
La vida siempre te sorprenderá... y aunque intentes dominarla, predecirla o premeditarla a tus planes, tus tiempos; la vida se ríe con ternura, te pasa la mano por la cabeza y hace lo que quiere cuando menos lo esperas. No te resistas y disfruta todas las cosas buenas que te regala.
