Vergonzosamente nostálgica me pongo cuando recuerdo mi niñez y mi familia, quizás no tan vergonzosa ya que te lo estoy diciendo.
Las grandes verdades de mi familia son:
Es que alguna vez fuimos una familia feliz, unida, completa. Una familia.
Alguna vez, y quizás no hace mucho la pobreza , nos visitó, nos saco la lengua, nos dijo aquí llegue y me pienso quedar por mucho tiempo.
Pero dicen que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante.
En medio de todo y de todos. Fui una niña muy feliz, y sigo siendo feliz aunque ya no muy niña.
Hoy veo con ternura las ya notorias arrugas de mi madre y la tierna sorpresa de mi padre cuando intento enseñarle algo nuevo para él, como es la tecnología.
Hoy miro con orgullo, la decisión y la firmeza de los actos de mi hermano. El esfuerzo y las ganas de mi hermana. Que a pesar de todo siempre se de tiempo para leerle un cuento a su hija.
Hoy la familia tiene más integrantes, y una de ellas es la luz de nuestro ojos, es la única nieta de la familia. Tiene en su mirada y su personalidad todas las cosas buenas de la familia. Es sin lugar a duda, la niña más comprensiva e inteligente del mundo. Mi Anni.
Hoy luego de un largo camino de risas, llantos, frustraciones y ausencias siguen siendo para mi esa familia feliz.
El tiempo pasa y los tiempos cambian pero siempre fuimos y seremos, unos locos habladores, burlones, analíticos y conversadores por excelencia, educadores natos, lideres, desesperados, medio hipocondriácos y cariñosos extremos unos más que otros. Reírnos hasta en los momentos más difíciles es lo que nos hizo más fuertes.
Gracias Ma, Pa, Che y Lars. Por ustedes soy lo que soy ahora.
Gracias Dios, por nunca habernos abandonado. y que nuestras heridas se hayan curado.
Eternamente en deuda contigo.
Solo busco ser feliz con las cosas más simples de la vida y cuando me pasan cosas geniales las disfruto a mil. Nunca tan seria, nunca tan poética. Bienvenido
25 julio 2013
06 febrero 2012
Inevitable enfrentamiento

En el lejano oeste de las dentaturas perfectas. Un enfrentamiento predecido desde la época de los dientes de leche, cuando el oeste era sólo llanuras de tímidos dientecillos recien formados. Estaba por suceder.
Entonces era yo; a un lado del pueblo. Mi arma, mi cepillo de dientes, marca Colgate con mango ergonómico, de cubierta ondeada, color rosa; que incluye su raspa lengua jeje!. Frente a mis ojos -que miro con el ceño fruncido-; del otro lado del pueblo, está el dentista con su pinza, listo para la extracción.
La muela en disputa: mi último molar superior, del lado izquierdo, que nació torcido y no derecho como sus hermanos. La oveja negra, el que creció para un costado y no para abajo como el resto de sus familia
YO: LO QUIERO ASI COMO ES, AUNQUE PUEDA INFLUIR EN SUS HERMANOS Y TERMINE DAÑÁNDOLOS
Dentista: terminara hinchándote la casa, mejor dicho la cara y no podras ir al matrimonio del sábado.
Yo: pero si lo sigo limpiando "con cariño" ( con cariño -Davis Orosco-), derrepente ya no crece y no me seguirá lastimando. Sé que lo hace sin querer,¡además está sanito!
Dentista: prepárate que la separación es inevitable y fácil hasta llegas a recuparte antes del partido de futbol de mujeres del viernes.............
Mis dedos bailan al ras muy cerca de mi bolsillo a punto de agarrar mi cepillo, que tienen lista la pasta en sus cerditas, que no malogran las encías.
Los dedos del dentista se deslizan por sus bolsillos a punto de coger la jeringa con la anestesia.
continuara...........
27 septiembre 2009
FLACA

Cual plácido sentido de belleza ,
que emerge de su mente como espuma,
busca dentro de su antagónico prototipo de belleza;
a la perfección en su máxima expresión.
Éste, su más anhelado sueño,
desfallecería si fuese lo contrario,
preferiría no engordar en el intento.
Su más sana enemiga la gordura y,
la más enferma de sus amigas la dieta,
que viene escoltada por sus principales doncellas de belleza;
la fuerte y estrepitosa bulimia, y
la delilacada, pero silenciosa anorexia.
Sonora sonrisa la que muestra,
pues la balanza marca tres kilos menos,
mucho más sonora si fue en un día de inanición.
Masoquista en su rutina de ejercicios,
que la fatigan hasta quedarse tendida,
tendida hasta quedarse dormida,
dormida hasta quedarse; sin vida.
que emerge de su mente como espuma,
busca dentro de su antagónico prototipo de belleza;
a la perfección en su máxima expresión.
Éste, su más anhelado sueño,
desfallecería si fuese lo contrario,
preferiría no engordar en el intento.
Su más sana enemiga la gordura y,
la más enferma de sus amigas la dieta,
que viene escoltada por sus principales doncellas de belleza;
la fuerte y estrepitosa bulimia, y
la delilacada, pero silenciosa anorexia.
Sonora sonrisa la que muestra,
pues la balanza marca tres kilos menos,
mucho más sonora si fue en un día de inanición.
Masoquista en su rutina de ejercicios,
que la fatigan hasta quedarse tendida,
tendida hasta quedarse dormida,
dormida hasta quedarse; sin vida.
02 junio 2009
Discurso a favor de él.
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Hoy revisaba el manual de mi nuevo celular, pues como a ti también; me robaron. Como sea; mi cel era tan monse que sólo me dolió que me lo robaran porque tenía 30.00 soles de saldo jiji. Pero no nos desviemos del tema, el asunto es que estaba toda fascinada examinando las nuevas funciones de mi práctico y delgado celular -porque así somos todos; aunque viejos estemos, seguimos comprando juguetes. Sí, seguro tú o cualquiera que me diga que no es lujo sino necesidad, no me negara que alguna vez comparó el suyo con otro según las funciones que tenía o el diseño que lucía - ¡oh! retazos de vanidad.
Si si si ahí estaba yo presionando, configurando, eligiendo la imagen de fondo, y como no pude recuperar mi número tuve que copiar todos mi contactos de siempre además de los nuevos que acumulé el mes que estuve sin el dichoso aparato. Que calma y paz viví ese mes, porque hasta ahora no me acostumbro a no asustarme al sentir que esa cosa vibre en mi bolsillo, con decirles que el timbrado es predeterminado, el clásico: tiiniiininntintinininnn (o algo así, soy mala para las representaciones onomatopeyicas) a pesar que puedo ponerle cualquier ringtons, creo que es para no llamar la atención de los "corredores de bolsa".
Luego de haberme tomado el trabajo de pasar todos los contactos en la agenda que un poco más y hasta tiene para guardar la información del grupo sanguíneo de la persona; me tomé la tarea aparte de llenar la sección de cumpleaños, pues hasta hace poco siempre olvidaba la fecha de mi madre, ¡Horror! (felizmente ella no lee blogs). En eso, ya medio mareada de tanto digitar números, cuando ya me disponía a dormir pensando que mi celular era el todo poderoso grabador de video, audio, internet, y porsupuesto "cámara", ¡aaaaaaasu!; vi que en la caja del equipo aún estaba el manual, lo saqué, le di un vistazo a las hojas traducidas en español y al final encontré un apartado que decía: "copia de seguridad; recuerde hacer un registro escrito por seguridad". Y yo dije: "al diablo con tanta tecnología, aunque escriba en computadora no hay nada más seguro que el simple y humilde papel". Apagué las luces y me dormí.
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05 abril 2009
Cálculo del tiempo perdido.
34'560 minutos al año, nosotros no hacemos absolutamente nada. En promedio una persona residente en Lima que trabaja o estudia y no tiene auto, transcurre 2 horas al día en un bus, custer o combi sin nada más que dormir, escuchar música o simplemente mirar por la ventana. Eso equivale en una semana sin contar domingo, a 12 horas, en un mes , a 48 horas y en un año a 576 horas sin haber realizado actividad alguna. Esto sin sumar que durante las vacaciones descansamos y tenemos al año varios feriados de fin de semana largo.
Mis cuentas pueden tener un margen de error, sobre todo si en varios viajes te encontraste con alguien y estuviste conversando o simplemente te movilizaste en taxi. Sin embargo, este descuento se compensa con el hecho de que aveces tenemos que ir a varios lugares en un mismo día.
Está proposición aunque sentenciante, tiene el riesgo de ser equivocaba como dije anteriormente, pero no veas las cifras exactas, sólo toma la idea base. Mi padre dice que aveces es bueno no hacer nada, simplemente dejar todo y relajarse. Pero es imposible no hacer nada, porque incluso cuando estamos sentados en el mugroso asiento de una cúster, nuestro cerebro sigue funcionando; nuestros neurotransmisores se siguen uniendo y vas pensando en lo que hiciste, no hiciste y piensas hacer. Y ahora pregúntate: ¿Cuántas veces eso te sirvió de algo?. Así es, puedes cavilar, recapacitar, analizar; llamémoslo filosofar en el sentido menos estricto de la definición. Lo malo, es que muchos van cavilando en cosas viles, atroces, malintencionadas y repudiables. O quizás, en cosas tan triviales y superfluas como, qué haré el fin de semana, porqué no le dije que tenía el moco luciéndose coqueto mientras me hablaba o en no sé que diantre cosa alguna tu mente divague. A todo esto llegué a una conclusión; si es que muero con la fatídica suerte de agonizar y sentir infelizmente una muerte lenta, pensaré: y 576 horas de mi vida no hice nada, absolutamente nada. Entonces dije, cuando leo siempre aprendo algo nuevo, y si leo durante ese tiempo en el bus, habré aprovechado quizás un poco más mi vida.
Leer, yo sé que no es un hábito muy arraigado en muestro país, pero no tenemos porque leer solo enciclopedias o tesis, libros de medicina o hasta libros en inglés. Lee lo que te guste, deporte, cocina, viajes, novelas, cuentos, hasta chistes, lee aquello que te interese sea corto o largo, pero que te guste. Lee aunque cubriendo la pasta, libros de autoayuda, libros de amor, el kamasutra; o el simple y cotidiano periódico. Pero lee. Y tú ahora me dirás, (y tú quien te crees para decirme que lea, acaso eres un erudito o te alucinas Marco Aurelio Denegri, y sólo te responderé, yo leo lo que me gusta) pero cómo leer en el carro, con la bulla de la radio, con las maniobras del conductor que sacuden a los pasajeros que se empujan y amortiguan entre sí; cómo leer cuando no hay asientos y mucho menos suficiente luz . Ante lo cual mi alternativa es simple, puedes esperar unos minutos más y subirte en una ruta donde la empresa sea de buses grandes e iluminados. ¿Qué fresca no?. Bueno pues, cuando no estes tan apurado.
Ayer justamente me subí en una ruta de empresa de transportes muy conocida en los conos, que tenía revistas en un compartimiento especial cerca de los pasamanos, mi emoción era tan grande como disimulada, al ver que alguien para bien, pensó en lo que yo ahora caigo en cuenta, lo triste fue que nadie tanto en el trayecto de ida como de vuelta ( porque regresé en la misma ruta) las cogió, decía en el revistero de plástico transparente cerca del pasamano: "leer te lleva a todos lados" y nadie las tomó. Parece que ningún pasajero quiso aprovechar los minutos que en esos momentos la muerte le quitaba.
Imagínense si todo el transporte público sería como este bus, bien iluminado grande y con revistas para leer. Seríamos -y no me culpen si sueño un poco-, los primeros en niveles de lectura, ya que nuestro precario servicio de transporte público es la causa actual de más pérdida de tiempo en todo Lima.
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17 marzo 2009
Una minúscula tragedia
Exageración, yo presento y expongo mi principal arma de doble filo. Yo adoro exagerar, por ejemplo cuando me rio. El poder de energizar mi cuerpo de manera gratuita -algo muy escaso es estos tiempos- con una resonante carcajada, es una de las cosas que más disfruto. Exagerar.
Pero la pregunta es: "¿Exagero también con el dolor, con los sentimientos; es decir, me dejo llevar fácilmente por la emotividad o será -y aquí tratemos de ver el lado más beneficioso para mi persona, después de todo yo estoy escribiendo- que tengo esa exaltada sensibilidad propia de los artistas?. Artista, "ja", sí claro. Creo que va más por lo primero.
Hace cinco días, me ocurrió algo tonto, estúpido, un minúsculo contratiempo que se convirtió en un gigante freno en mi vida. Era jueves, el día de la semana que más cosas tenía que hacer. Pasado el medio día fui a mi clase de ballet; actividad en la que soy sólo una entusiasta aficionada, pues mi experiencia no pasa de las actuaciones en el colegio y las rutinas de baile los miércoles por la noche en el gimnasio de mi cuadra. Antes, debía ir por la avenida que maquilla con smog para comprar mis nuevas y primeras zapatillas de ballet; diez soles me costaron. Recuerdo que le pregunté a la señorita que almorzaba mientras me atendía, si no tenía unas de mejor calidad, aunque; sinceramente buscaba unas más bonitas.
Es raro como las circunstancias más dolorosas o incómodas son las menos esperadas; y es lógico, ahora que lo pienso, nadie anda por ahí deseando accidentarse.
Caminaba desde la avenida que maquilla con smog; pasando por el jirón de las tiendas como si cruzara un campo de flores, nada me molestaba, me sentía bien , sana, fuerte, y para sumar aquella sensación: vestía ropa deportiva. Llegué más que puntual a la clase, mi carismático profesor ya se encontraba sentado con la pierna perfectamente cruzada, muy cerca del equipo de sonido. Rostros nuevos escanean mi presencia. Entro al baño y hay entre las chicas un caballero de panza ligeramente soberbia y piernas flacas, que sólo viste polo, medias, y calzoncillo; trato de no incomodarme y sobre todo de no mirar; pido permiso y me cambio lo más rápido que sea posible.
Y la clase comenzó. Antes sólo había tres hombres (de cuerpo más no de espíritu) en malla, y yo; ahora eran puras chicas y un hombre ( de cuerpo mas no de espíritu) en malla. El espacio es pequeño, pero ni eso me desaniman de disfrutar la clase. Y así nuevamente (exactamente mi segunda clase de ballet en toda mi vida) a exigir la máxima flexibilidad y armonía al cuerpo. Sólo faltan quince minutos para terminar y el profesor agrega una figura más a la secuencia que hacíamos divididos en grupos de cuatro.
La primera vez trato de seguir el ritmo a Carolina (una chata, con pies de goma que ya lleva tiempo en esta clase). La segunda vez me desconcentro, trato de relajarme y solo divertirme. Primer salto y giro (estira los pies Rubí me decía mi misma); segundo salto y giro, un pie llega al suelo más temprano que el otro, cuando todavía está estirado; un par de huesos crujen, una rodilla se dobla y un cuerpo cae .Para mi todo se detuvo, la música, las indicaciones del profesor y las murmuraciones de las chicas.
Golpeaba con mi brazo el suelo para mitigar el dolor y mientras grito, el caballero de panza soberbia y piernas flacas me auxilia y me indica que debo intentar mover los pies.
Así quedé postrada -y creo que por eso dicen que exagero- con un yeso, dice el doctor que para dos meses. Un mal paso, una fisura en el falange detiene todo mi mundo, al siguiente día tenía una reunión y después una cita. Al siguiente, un examen parcial y más tarde una prueba para realizar prácticas pre-profesionales. Dentro de una semana, un nuevo trabajo. Y además, perdí el mes pagado en el gimnasio. A, me olvidaba, y solo faltan dos días para cumplir 22 años.
Hoy me deprime ver mi pie. Aveces quisiera cortarlo, chancarlo contra la pared. Pero pienso y recapacito, demoraría más en sanar y saldría más caro. Por las noches cuando despierto con ganas de orinar y quiero ir al baño lo mas rápido que pueda, descubro la sábana y veo ese deforme caparazón color cal que cubre mi pie, retengo la orina cuando mis nuevas y odiosas compañeras me miran al pie de la cama; mis muletas.
Supongo que algo aprenderé de esta situación, pudo a ver sido peor, ¿no?; pero sino fuera porque tengo que parecer adulta yo solo lloraría como magdalena cada vez que veo mi pata rota.
Pero la pregunta es: "¿Exagero también con el dolor, con los sentimientos; es decir, me dejo llevar fácilmente por la emotividad o será -y aquí tratemos de ver el lado más beneficioso para mi persona, después de todo yo estoy escribiendo- que tengo esa exaltada sensibilidad propia de los artistas?. Artista, "ja", sí claro. Creo que va más por lo primero.
Hace cinco días, me ocurrió algo tonto, estúpido, un minúsculo contratiempo que se convirtió en un gigante freno en mi vida. Era jueves, el día de la semana que más cosas tenía que hacer. Pasado el medio día fui a mi clase de ballet; actividad en la que soy sólo una entusiasta aficionada, pues mi experiencia no pasa de las actuaciones en el colegio y las rutinas de baile los miércoles por la noche en el gimnasio de mi cuadra. Antes, debía ir por la avenida que maquilla con smog para comprar mis nuevas y primeras zapatillas de ballet; diez soles me costaron. Recuerdo que le pregunté a la señorita que almorzaba mientras me atendía, si no tenía unas de mejor calidad, aunque; sinceramente buscaba unas más bonitas.
Es raro como las circunstancias más dolorosas o incómodas son las menos esperadas; y es lógico, ahora que lo pienso, nadie anda por ahí deseando accidentarse.
Caminaba desde la avenida que maquilla con smog; pasando por el jirón de las tiendas como si cruzara un campo de flores, nada me molestaba, me sentía bien , sana, fuerte, y para sumar aquella sensación: vestía ropa deportiva. Llegué más que puntual a la clase, mi carismático profesor ya se encontraba sentado con la pierna perfectamente cruzada, muy cerca del equipo de sonido. Rostros nuevos escanean mi presencia. Entro al baño y hay entre las chicas un caballero de panza ligeramente soberbia y piernas flacas, que sólo viste polo, medias, y calzoncillo; trato de no incomodarme y sobre todo de no mirar; pido permiso y me cambio lo más rápido que sea posible.
Y la clase comenzó. Antes sólo había tres hombres (de cuerpo más no de espíritu) en malla, y yo; ahora eran puras chicas y un hombre ( de cuerpo mas no de espíritu) en malla. El espacio es pequeño, pero ni eso me desaniman de disfrutar la clase. Y así nuevamente (exactamente mi segunda clase de ballet en toda mi vida) a exigir la máxima flexibilidad y armonía al cuerpo. Sólo faltan quince minutos para terminar y el profesor agrega una figura más a la secuencia que hacíamos divididos en grupos de cuatro.
La primera vez trato de seguir el ritmo a Carolina (una chata, con pies de goma que ya lleva tiempo en esta clase). La segunda vez me desconcentro, trato de relajarme y solo divertirme. Primer salto y giro (estira los pies Rubí me decía mi misma); segundo salto y giro, un pie llega al suelo más temprano que el otro, cuando todavía está estirado; un par de huesos crujen, una rodilla se dobla y un cuerpo cae .Para mi todo se detuvo, la música, las indicaciones del profesor y las murmuraciones de las chicas.
Golpeaba con mi brazo el suelo para mitigar el dolor y mientras grito, el caballero de panza soberbia y piernas flacas me auxilia y me indica que debo intentar mover los pies.
Así quedé postrada -y creo que por eso dicen que exagero- con un yeso, dice el doctor que para dos meses. Un mal paso, una fisura en el falange detiene todo mi mundo, al siguiente día tenía una reunión y después una cita. Al siguiente, un examen parcial y más tarde una prueba para realizar prácticas pre-profesionales. Dentro de una semana, un nuevo trabajo. Y además, perdí el mes pagado en el gimnasio. A, me olvidaba, y solo faltan dos días para cumplir 22 años.
Hoy me deprime ver mi pie. Aveces quisiera cortarlo, chancarlo contra la pared. Pero pienso y recapacito, demoraría más en sanar y saldría más caro. Por las noches cuando despierto con ganas de orinar y quiero ir al baño lo mas rápido que pueda, descubro la sábana y veo ese deforme caparazón color cal que cubre mi pie, retengo la orina cuando mis nuevas y odiosas compañeras me miran al pie de la cama; mis muletas.
Supongo que algo aprenderé de esta situación, pudo a ver sido peor, ¿no?; pero sino fuera porque tengo que parecer adulta yo solo lloraría como magdalena cada vez que veo mi pata rota.
Inseguridad
Tendida en el suelo, entre la vereda y una combi de la cual acabo de caerme; estoy. Entonces recojo mi cuerpo y sobre todo mi celular. Antes escuché el grito de una mujer, no fui yo; normalmente cuando me asusto se me va la voz, y no; no estoy muerta. Me duele demasiado mi gordo trasero para tener la seguridad de que aún soy parte de la línea de los vivos.
Reacciono. Y recobro el sentido. Despierto sólo cuando tengo del cuello al tísico cobrador. "Imbécil" le grito. Y ridícula me siento, cuando toda despeinada despotrico con el tísico y el conductor, que no corrió a la fuga - felizmente dice mi amiga Milagros- infelizmente digo yo, porque seguro espera si me animo a subir de todos modos.
Quince minutos después ya en mi casa, lloré y solo pensé: inseguridad. Me voy o no me voy en esta cochina combi, ya quiero llegar a mi casa; medio pasó arriba desisto y pienso, pero está lleno y el flacucho cobrador me empuja, bajo y caigo.
y la vida es solo inseguridad, llena de decisiones, de hacer o no hacer o el simple ¿ qué hacer?. Tengo miedo de caerme en la vida, de estar eligiendo mal mi camino. Tengo miedo de estar tomando la combi equivocada.
Reacciono. Y recobro el sentido. Despierto sólo cuando tengo del cuello al tísico cobrador. "Imbécil" le grito. Y ridícula me siento, cuando toda despeinada despotrico con el tísico y el conductor, que no corrió a la fuga - felizmente dice mi amiga Milagros- infelizmente digo yo, porque seguro espera si me animo a subir de todos modos.
Quince minutos después ya en mi casa, lloré y solo pensé: inseguridad. Me voy o no me voy en esta cochina combi, ya quiero llegar a mi casa; medio pasó arriba desisto y pienso, pero está lleno y el flacucho cobrador me empuja, bajo y caigo.
y la vida es solo inseguridad, llena de decisiones, de hacer o no hacer o el simple ¿ qué hacer?. Tengo miedo de caerme en la vida, de estar eligiendo mal mi camino. Tengo miedo de estar tomando la combi equivocada.
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